
Publicamos el prólogo que ha escrito Teresa Chapa Brunet para el libro sobre las esculturas de Cerrillo Blanco, publicado por la Editorial de la Universidad de Granada y que se presentará el día 27 de Diciembre de 2012 en Porcuna con una conferencia de Teresa sobre las esculturas.

PRÓLOGO
Teresa Chapa Brunet.
Los conjuntos escultóricos recuperados en el Cerrillo Blanco de Porcuna son sin duda alguna el hallazgo más espectacular realizado hasta el presente en el campo de la escultura ibérica. Su descubrimiento merecería haber sido argumento de una novela firmada por D. Juan González Navarrete, quien consiguió llevar al Museo de Jaén buena parte del material aparecido en 1975 y controló las posteriores excavaciones en el yacimiento. Muchos años llevan ya las piezas en el Museo, pero allí no han estado ociosas. Su delicado material calizo y la enorme cantidad de restos que produjo su enconada destrucción las ha mantenido largo tiempo en los laboratorios de restauración, hasta que las figuras han remontado sus formas. Prestigiosos especialistas las han estudiado, logrando extraer de ellas una lógica iconográfica e histórica que ha inspirado su exposición actual y mientras tanto, reclamadas por el mundo internacional de la Arqueología y el Arte, han viajado por España y Europa siendo admiradas como una producción excepcional de la antigua ciudad de Ipolca.

Pudiera parecer que tantas atenciones hubieran agotado ya las líneas de investigación sobre estos restos. Sin embargo, quienes se dedican a la investigación saben que ésta tiene mucho de “efecto laberinto”, puesto que al abrir una puerta se alcanza una habitación con muchas puertas más. En otras palabras, cuanto más sabemos, más conscientes somos de lo que ignoramos. Quien lea este libro puede estar seguro de que va a recibir una nueva visión, inédita, de las esculturas de Porcuna. Con una orientación muy personal, el autor traspasa las perspectivas tradicionales de la Arqueología y la Historia del Arte, interesado –apasionado, sería mejor decir- por encontrar en las figuras a los escultores que las fabricaron, desvelando sus secretos menos accesibles.

Tanto la Psicología como la Medicina han empleado el término “Arqueología de la Mirada” para detectar fenómenos profundos a través de leves rasgos externos. Puede establecerse un paralelo entre esta lectura y la investigación que desarrolla Luis Emilio Vallejo en su perspicaz análisis, estableciendo una relación multidireccional entre el producto final y la técnica para conseguirlo, entre la forma visible y la intención escondida, entre la obra y su mensaje político y religioso. Se pretende desvelar aquí, en suma, cómo trabajaron los antiguos escultores, cuál fue su proceso creador, su metodología y su mensaje, y en consecuencia, cómo debieron ser las élites ibéricas a cuyas órdenes trabajaron.

La vocación por el estudio y la práctica de la cantería y la escultura adquiere todo su sentido en Porcuna, una población que durante siglos ha entendido y manipulado la piedra. Las imágenes de Cerrillo Blanco abren más fácilmente sus secretos a quien practica tanto el arte como el oficio, y este es el caso de Luis Emilio. Con la metodología explícita que exige un estudio científico, desvela la planificación y ejecución de un sorprendente programa iconográfico al servicio de la ciudad de Ipolca y de sus élites. Lo visible abre la puerta a lo invisible. De la huella a la herramienta, de una leve coloración al reconocimiento de la policromía, de la postura de una imagen a detectar la resolución de un problema práctico. El estudio detallado de los procesos de manufactura consigue definir la biografía completa de las piezas, desde que se concibieron hasta que se terminaron, haciendo presente así al genio creador y a su trabajo.

El arte antiguo tiene mucho de propaganda. Pretende consolidar a través de la piedra historias, creencias y privilegios, rivalizando en calidad y monumentalidad. Sin duda, los conjuntos escultóricos de Porcuna ilustraban los largos relatos de la época, en la importante tradición oral que debió caracterizar a los Iberos y que hoy podemos vislumbrar a través de estas figuras. En este libro podemos encontrar la visión personal y valiente de Luis Emilio Vallejo sobre la disposición de las piezas en el monumento original y la consideración que tendría la posición del espectador en la definición del espacio escultórico. También nos ofrece las claves para entender otro de los grandes misterios que rodean este hallazgo: la cuidadosa reducción a fragmentos de tallas tan magníficas por parte de quienes conocían perfectamente cómo hacer más eficaces sus destructivos golpes.
Querer deslindar en esta obra lo descriptivo y lo interpretativo es un objetivo inútil. Dos mil quinientos años después, Luis Emilio Vallejo ha buscado la comunicación directa con los escultores del pasado, se ha puesto en su lugar, ha entendido su proceso creativo y lo ha reproducido. Sus ideas sobre el sentido de las imágenes puede que no sean compartidas unánimemente, pero de lo que no cabe duda es que tenemos ante nosotros un libro original y necesario, que abrirá nuevas perspectivas de investigación y nuevas formas de ver y valorar la escultura ibérica.